Acciones: depurativa, diurética, hipoglucemiante, antibiótica, antimicribiana, antifúngica, aperitivo, colerético, anticancerígena, sudorífica, lazante
Partes que se usan: raices, hojas, semillas verdes y secas
Principios activos: poliacetileno (antimicrobiano y antibiótico), inulina, ácidos fenólicos, aceite esencia, fitosteroles, taninos, mucílagos, sales potásicas
Usos: purifica la sangre y los tejidos, obesidad, diabetes tipo II, reumatismos, gota, litiasis urinaria, cistitis, dolor de garganta, gripe, resfríos, acné, forúnculos, infecciones buco dentarias, infecciones y úlceras diabéticas, herpes, dermatosis, eczemas, psoriasis, seborrea, ampollas, hiperuricemia, anorexia nerviosa. Uso externo: caída del cabello
Purificadora de la sangre: aunque está infravalorada, la bardana se puede utilizar para cualquier situación en la que se necesite eliminar toxinas. Problemas tan distintos como el acné, la artritis, los forúnculos, los eczemas, la fibromialgia y la amigdalitis mejoran gracias a la excelente capacidad de esta hierba de estimular la eliminación de toxinas por parte de las células. Sin embargo, debe emplearse con precaución, ya que incluso una pequeña cantidad puede provocar un empeoramiento inicial de los síntomas, sobre todos de los desórdenes cutáneos. Por eso pocas veces se le utiliza sola y se la suele combinar con Pie de león (taraxacum officinale), Trébol (trifolium pratense) o Acedera (rumex crispus), que compensan su acción desintoxicante.
Presentaciones: decocción, extracto fluido, cápsulas.

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